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🧠 Síndrome serotoninérgico: lo que la clínica oculta cuando se ignora el contexto del paciente.

  • drmiguelurgencista
  • 21 abr
  • 4 min de lectura

¿Qué ocurre cuando, en la sala de urgencias o incluso en la consulta, dejamos de lado el contexto de vida del paciente y nos enfocamos únicamente en parámetros aislados, signos vitales o resultados de laboratorio?


En la práctica diaria, es común centrar la atención en una química sanguínea, en un monitor o en una hemodinamia aparentemente estable o inestable. Sin embargo, el ejercicio clínico exige algo más profundo: integrar la historia completa, los hábitos, y sobre todo, la carga farmacológica del paciente.


Hoy en día, los cuadros asociados a polifarmacia no son exclusivos del adulto mayor. Cada vez es más frecuente observarlos en pacientes jóvenes o de mediana edad, donde múltiples intervenciones terapéuticas se superponen sin una integración adecuada.


En urgencias, no basta con observar datos aislados.👉 Es necesario entender al paciente como un sistema completo.


veamos el siguiente caso:

Se presenta paciente femenina de 35 años, quien acude al servicio de urgencias consciente, orientada, con un cuadro caracterizado por mioclonías en las cuatro extremidades, ansiedad intensa y elevación de la temperatura, con registros de fiebre entre 38.2 y 38.3 °C e hipertermia que alcanzaba hasta 39.5 °C. A su ingreso, presentaba una presión arterial de 138/90 mmHg, frecuencia cardíaca de 75 lts por minuto y sin alteraciones evidentes del estado de conciencia.


Se realiza abordaje inicial con estudios de laboratorio, encontrándose en su mayoría dentro de rangos normales, con excepción de una elevación de la creatina fosfoquinasa (CPK), inicialmente atribuible a actividad física reciente. Bajo este contexto, el enfoque inicial se orienta hacia un síndrome febril de probable origen infeccioso o una etiología neurológica.


Durante su estancia en urgencias, la paciente presenta un cambio conductual abrupto, evolucionando de irritabilidad a un estado de agitación psicomotriz con euforia, por lo que se administra haloperidol 5 mg y se deja lorazepam 1 mg cada 12 horas, además de solicitar interconsulta al servicio de psiquiatría.


Como parte del abordaje diagnóstico, se realizan estudios de imagen, incluyendo TAC de cráneo y columna cervical, sin evidencia de alteraciones estructurales o vasculares.


Se descarta consumo de sustancias mediante tamiz toxicológico, con resultados negativos. No se identifican datos de alcoholismo ni de uso de drogas.

Sin embargo, la evolución clínica comienza a mostrar un dato clave: la CPK continúa en ascenso.


Al ampliar la historia clínica, se documenta tratamiento crónico con sertralina por trastorno de ansiedad y depresión. Días previos, la paciente había presentado un cuadro gastrointestinal tratado con metoclopramida y, adicionalmente, había utilizado tramadol para el manejo de dolor musculoesquelético secundario a ejercicio físico intenso.


Posteriormente, el servicio de psiquiatría establece como diagnóstico diferencial un trastorno del estado de ánimo e inicia tratamiento con quetiapina. No obstante, en las horas subsecuentes, la paciente presenta deterioro clínico con somnolencia inicial seguida de agitación, diaforesis profusa, labilidad emocional, disartria, persistencia de hipertermia y elevación progresiva de la presión arterial y la frecuencia cardíaca.

A la reevaluación neurológica, se documenta hipertonía generalizada, hiperreflexia osteotendinosa bilateral, mioclonías de mayor intensidad, clonus ocular y persistencia del signo de Babinski. Paralelamente, la CPK se eleva de 753 a más de 2,500 U/L, compatible con un proceso de rabdomiólisis en evolución. Durante este periodo, se administra nuevamente tramadol, lo que intensifica el cuadro clínico.


Ante la evolución y los hallazgos clínicos, y aplicando criterios de hunter se establece el diagnóstico de síndrome serotoninérgico, descartando causas infecciosas, estructurales y psiquiátricas primarias.


Se realiza suspensión inmediata de los fármacos implicados, se incrementa el uso de benzodiacepinas, se inicia hidratación intravenosa intensiva y se administra tratamiento específico con ciproheptadina, con dosis de carga de 12 mg vía oral y posteriormente 8 mg cada 6 horas.


La evolución clínica es favorable. Al cuarto día, la paciente presenta mejoría significativa del estado neurológico, con disminución de la hiperreflexia, reducción de las mioclonías, estabilización del estado emocional y descenso progresivo de la CPK, logrando recuperación funcional casi completa.


Desde el punto de vista fisiopatológico, este cuadro se explica por una hiperestimulación serotoninérgica a nivel central y periférico. La serotonina o 5-hidroxitriptamina es un neurotransmisor clave en la regulación del estado de ánimo, la termorregulación y la actividad neuromuscular, entre otras funciones. La estimulación excesiva de receptores serotoninérgicos, particularmente 5-HT1A y 5-HT2A, genera un estado de hiperactividad neuromuscular, alteraciones del estado mental e inestabilidad autonómica. Este desequilibrio, desencadenado por la interacción farmacológica, puede progresar a complicaciones graves como la hipertermia severa y la rabdomiólisis.


Conclusión clínica:

Este caso refleja una realidad cada vez más frecuente en la práctica médica: la polifarmacia no integrada.

Como médicos, estamos entrenados para tratar síntomas. Sin embargo, cuando abordamos cada manifestación clínica de forma aislada, corremos el riesgo de generar un efecto acumulativo que puede ser más perjudicial que la enfermedad inicial.

El síndrome serotoninérgico es un claro ejemplo de ello: un cuadro que puede simular infecciones, trastornos psiquiátricos o enfermedades neurológicas, y que pasa desapercibido si no se realiza una adecuada integración clínica.

En medicina crítica y en urgencias, no basta con estabilizar signos vitales o interpretar estudios de forma aislada.


👉 El verdadero ejercicio clínico está en integrar, cuestionar y reconstruir el contexto completo del paciente.

Porque al final, el problema no siempre es la enfermedad.Muchas veces, es la suma de intervenciones que no hemos sabido integrar.


 
 
 

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